La espondilosis en perros, también conocida como espondilosis deformante o popularmente como “picos de loro”, es un proceso en el que aparecen formaciones óseas llamadas osteofitos alrededor de las vértebras. Es especialmente frecuente a medida que el perro envejece y, en muchos casos, se descubre por casualidad al realizar una radiografía por otro motivo. De hecho, muchos perros con espondilosis no presentan dolor ni otros síntomas. Por eso, es importante distinguir entre tener espondilosis en una radiografía y que la espondilosis sea realmente la responsable de las molestias del perro. En este artículo te explicamos qué es la espondilosis canina, cuáles son sus síntomas, cómo se diagnostica, qué tratamiento puede necesitar y qué cuidados pueden ayudar a mantener una buena calidad de vida.
¿Qué es la espondilosis en perros?
La espondilosis deformante es una alteración degenerativa de la columna vertebral caracterizada por la formación de nuevos crecimientos óseos en los bordes de las vértebras. Estos crecimientos pueden ser pequeños osteofitos o llegar a formar puentes óseos entre vértebras. Se producen principalmente en la zona donde se insertan estructuras como el anillo fibroso de los discos intervertebrales y los ligamentos de la columna. La espondilosis es más frecuente con la edad. En perros de alrededor de 9 años, los estudios veterinarios citados por el Manual de Merck estiman una presencia radiográfica de aproximadamente 25-70 %, aunque esto no significa que todos esos perros tengan síntomas.
¿Por qué se llaman “picos de loro”?
El término popular “picos de loro” hace referencia al aspecto que pueden presentar los osteofitos en las radiografías. Sin embargo, no todos los perros con espondilosis tienen grandes puentes óseos ni todos ellos producen dolor.
¿Qué causa la espondilosis canina?
La edad es uno de los principales factores relacionados con la aparición de espondilosis. A medida que el perro envejece, se producen cambios degenerativos en diferentes estructuras de la columna y puede aparecer formación de nuevo hueso en los bordes vertebrales. También pueden existir otros factores asociados a la aparición de osteofitos, como determinadas alteraciones de la columna, traumatismos, inestabilidad vertebral o procesos que afectan a las articulaciones y estructuras próximas. Por ello, no es correcto atribuir la espondilosis simplemente a la obesidad, la falta de ejercicio, el estrés o una mala alimentación. Estos factores pueden influir en la salud general y musculoesquelética del perro, pero no deben presentarse como causas directas de la espondilosis.
¿Cuáles son los síntomas de la espondilosis en perros?
Una de las particularidades de esta enfermedad es que muchos perros no presentan ningún síntoma. Cuando existen molestias, pueden aparecer signos relacionados con dolor o rigidez de la espalda. Además, algunos síntomas que tradicionalmente se atribuían directamente a la espondilosis pueden deberse en realidad a otros problemas de columna, por lo que es necesario realizar una valoración veterinaria. Entre los signos que podemos observar están:
- Rigidez, especialmente después del reposo.
- Dificultad para levantarse o cambiar de posición.
- Dolor o sensibilidad al tocar determinadas zonas de la espalda.
- Menor disposición para correr, saltar o jugar.
- Cambios en la forma de caminar.
- Menor actividad física.
- Posturas anormales relacionadas con el dolor.
- Cambios de comportamiento, como irritabilidad.
- Dificultad para realizar determinados movimientos.
En casos en los que existe afectación neurológica por otro problema asociado a la columna, pueden aparecer alteraciones de la marcha, debilidad o pérdida de coordinación. En estos casos, la exploración neurológica resulta especialmente importante. Importante: la presencia de espondilosis en una radiografía no demuestra por sí sola que el dolor o la dificultad para caminar del perro se deban a ella. La espondilosis no es el único problema musculoesquelético que puede afectar a la movilidad de los perros. Otras enfermedades ortopédicas, como la displasia de cadera en perros o la displasia de codo en perros, también pueden provocar dolor, rigidez y dificultades para moverse.
¿Cómo se diagnostica la espondilosis en perros?
El diagnóstico comienza con una exploración veterinaria, en la que se valoran la movilidad, el dolor y, cuando procede, el estado neurológico del perro. La prueba más habitual para detectar la espondilosis es la radiografía de la columna vertebral. En ella pueden observarse los osteofitos y los puentes óseos característicos. Sin embargo, una radiografía tiene una limitación importante: permite valorar bien los huesos, pero no muestra con el mismo detalle los discos intervertebrales, la médula espinal y otros tejidos blandos.
¿Cuándo se necesitan otras pruebas?
Si el perro presenta dolor importante, signos neurológicos o existe sospecha de otro problema de columna, el veterinario puede recomendar pruebas de imagen avanzadas como:
- Tomografía computarizada (TAC).
- Resonancia magnética.
- Otras pruebas específicas según el caso.
Estas pruebas ayudan a determinar si existe afectación de los discos, la médula espinal, las raíces nerviosas u otras estructuras.
Tratamiento de la espondilosis en perros
No todos los perros con espondilosis necesitan tratamiento. Si el perro no presenta dolor ni otros problemas asociados, normalmente no es necesario tratar los osteofitos simplemente porque aparezcan en una radiografía. Cuando existe dolor o limitación funcional, el tratamiento se adapta a cada paciente.
Analgésicos y antiinflamatorios
Si existe dolor, el veterinario puede prescribir analgésicos o antiinflamatorios adecuados para el perro. Nunca debemos administrar medicamentos humanos por nuestra cuenta. La dosis y el tipo de medicamento dependen del estado general del animal y de otros factores que debe valorar el veterinario.
Ejercicio controlado
Mantener una actividad física adecuada puede ser beneficioso para conservar la movilidad y la musculatura. Esto no significa que todos los perros deban hacer el mismo ejercicio. El veterinario puede recomendar paseos controlados, ejercicio de bajo impacto o un programa de rehabilitación dependiendo de la situación del animal. La fisioterapia y determinados programas de ejercicio pueden formar parte del tratamiento de algunos perros con dolor musculoesquelético.
Control del peso
Mantener al perro en un peso corporal adecuado es especialmente importante cuando existen problemas musculoesqueléticos. El objetivo no es “curar” la espondilosis mediante la pérdida de peso, sino evitar que un exceso de peso añada carga innecesaria al aparato locomotor.
Rehabilitación veterinaria
En perros con dolor, rigidez o pérdida de movilidad, la rehabilitación puede ayudar a mantener la función y mejorar el confort. Debe ser individualizada y realizada bajo indicación profesional.
¿La espondilosis en perros se opera?
La cirugía no es el tratamiento habitual de la espondilosis. En casos poco frecuentes, cuando los crecimientos óseos están provocando una compresión importante de la médula espinal o de estructuras nerviosas, puede valorarse una intervención quirúrgica. Por tanto, no debemos transmitir la idea de que tener “picos de loro” significa que el perro vaya a necesitar una operación.
Cuidados para un perro con espondilosis
Si tu perro tiene espondilosis, algunos cuidados pueden ayudar a mantener su movilidad y bienestar.
Mantén un peso saludable
El control del peso es una de las medidas más útiles para proteger el aparato locomotor. Si tu perro tiene sobrepeso, consulta con el veterinario para establecer un plan de alimentación y pérdida de peso adecuado.
Evita los esfuerzos innecesarios
No es necesario mantener al perro completamente inmóvil si el veterinario no lo ha indicado. En general, es preferible adaptar la actividad a su capacidad y evitar movimientos que desencadenen dolor, como saltos repetidos desde lugares elevados.
Facilita el acceso a sus lugares habituales
Si le cuesta subir al sofá o a su cama, puedes utilizar una rampa o adaptar su entorno para reducir los saltos. También es recomendable proporcionarle una zona de descanso cómoda y de fácil acceso.
Mantén una actividad adecuada
El reposo absoluto no debería convertirse en la rutina de un perro con una enfermedad degenerativa si no existe una indicación veterinaria para ello. La actividad debe adaptarse al estado del animal y suspenderse o modificarse si aparecen signos de dolor.
Sigue las revisiones veterinarias
Si tu perro ya ha sido diagnosticado, las revisiones permiten comprobar su evolución y detectar otros problemas musculoesqueléticos o neurológicos.
¿Qué razas tienen más riesgo de sufrir espondilosis?
La espondilosis puede aparecer en cualquier raza de perro, aunque existen diferencias entre razas y estudios. El Bóxer destaca especialmente por su elevada frecuencia de espondilosis deformante. También se ha observado una clara relación entre la edad y la presencia de estas alteraciones radiográficas. Por tanto, no debemos presentar la espondilosis como una enfermedad exclusiva de perros grandes o ancianos, aunque la edad sea uno de los factores más importantes.
¿Se puede prevenir la espondilosis en perros?
No existe una forma de garantizar que un perro no vaya a desarrollar espondilosis. Sin embargo, sí podemos cuidar su salud musculoesquelética durante toda su vida:
- Mantener un peso saludable.
- Proporcionar una alimentación adecuada.
- Mantener una actividad física adaptada a su edad y condición.
- Evitar sobreesfuerzos y traumatismos.
- Consultar al veterinario ante dolor, rigidez o cambios en la movilidad.
- Realizar revisiones periódicas, especialmente en perros mayores.
La prevención debe centrarse en mantener una buena condición corporal y detectar precozmente problemas de movilidad, más que en intentar evitar específicamente la aparición de osteofitos.
¿Cuánto puede vivir un perro con espondilosis?
La espondilosis no determina por sí sola cuánto va a vivir un perro. Muchos perros presentan cambios compatibles con espondilosis en las radiografías y continúan haciendo una vida normal porque no tienen síntomas relevantes. El pronóstico depende mucho más de si existe dolor, limitación funcional, afectación neurológica u otra enfermedad de la columna asociada. Por eso, un diagnóstico de “picos de loro” no significa necesariamente que el perro vaya a empeorar ni que vaya a perder movilidad.
Preguntas frecuentes sobre la espondilosis en perros
Puede causar dolor, pero no siempre lo hace. Muchos perros con espondilosis no presentan signos clínicos y el hallazgo aparece accidentalmente en una radiografía.
La espondilosis deformante por sí misma suele ser un hallazgo radiográfico y los osteofitos generalmente se desarrollan en la parte ventral de las vértebras, por lo que rara vez comprimen directamente la médula espinal. Si un perro presenta debilidad, pérdida de coordinación o dificultad importante para caminar, hay que investigar otras posibles enfermedades de la columna y del sistema nervioso.
En muchos casos sí. La actividad debe adaptarse a su estado y a las indicaciones del veterinario. El objetivo es mantener la movilidad sin provocar dolor ni sobrecargas.
Los cambios óseos de la espondilosis deformante no suelen revertirse, pero eso no significa que el perro no pueda tener una buena calidad de vida. Cuando existe dolor, el objetivo del tratamiento es controlarlo y mantener al animal activo y cómodo.
No. La espondilosis deformante consiste principalmente en la formación de nuevo hueso alrededor de las vértebras, mientras que una enfermedad del disco intervertebral afecta al disco y puede llegar a producir compresión de la médula espinal o de los nervios. Además, ambas alteraciones pueden coexistir, por lo que si un perro presenta síntomas neurológicos es importante realizar una valoración adecuada.
¿Cuándo hay que acudir al veterinario?
Si tu perro tiene espondilosis diagnosticada, consulta con el veterinario si notas:
- Dolor de espalda.
- Rigidez que empeora.
- Dificultad para levantarse.
- Rechazo a caminar o moverse.
- Cambios repentinos en su forma de caminar.
- Debilidad de las patas.
- Pérdida de coordinación.
- Dificultad para mantenerse en pie.
- Pérdida de control de la orina o las heces.
- Empeoramiento rápido de los síntomas.
Especialmente si aparecen debilidad, pérdida de coordinación o incapacidad para caminar, la valoración veterinaria debe ser prioritaria.
Conclusión
La espondilosis en perros o “picos de loro” es una alteración degenerativa de la columna muy frecuente a medida que los perros envejecen. Lo más importante es recordar que una radiografía con espondilosis no equivale automáticamente a un perro enfermo o con dolor. Muchos animales permanecen asintomáticos durante años. Cuando existen molestias, el tratamiento se centra en controlar el dolor, mantener una buena condición corporal y conservar la movilidad mediante ejercicio y, cuando sea necesario, rehabilitación. En casos excepcionales pueden ser necesarias pruebas avanzadas o cirugía. Si notas cambios en la movilidad o dolor en tu perro, lo adecuado es que sea valorado por un veterinario para determinar si la espondilosis es realmente la causa de los síntomas o si existe otro problema de columna.
