Hepatitis canina: síntomas, causas, contagio, tratamiento y prevención

hepatitis canina
La hepatitis canina puede afectar al hígado y alterar el estado general del perro. Descubre sus causas y síntomas.
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La hepatitis canina puede utilizarse para hablar de diferentes procesos inflamatorios que afectan al hígado, pero cuando se hace referencia a la hepatitis infecciosa canina, se trata de una enfermedad vírica causada por el adenovirus canino tipo 1 (CAV-1). Es una enfermedad contagiosa que puede afectar especialmente a perros jóvenes y, en los casos más graves, provocar alteraciones de la coagulación, daño hepático y renal e incluso la muerte. Actualmente es mucho menos frecuente en los lugares donde se realiza una vacunación rutinaria adecuada. Es importante distinguir esta enfermedad de otras causas de inflamación o lesión del hígado, como determinadas intoxicaciones, enfermedades inflamatorias, infecciones bacterianas o problemas relacionados con la acumulación de cobre.

¿Qué es la hepatitis canina?

La hepatitis infecciosa canina es una enfermedad causada por el adenovirus canino tipo 1 (CAV-1). El virus no afecta únicamente al hígado: también puede dañar los vasos sanguíneos y otros órganos, como los riñones, el bazo y los pulmones. La infección comienza habitualmente tras la exposición del perro al virus y puede provocar fiebre, decaimiento, pérdida de apetito, vómitos, dolor abdominal y alteraciones de la coagulación. En algunos perros también pueden aparecer lesiones oculares después de la infección. La enfermedad puede presentar desde signos leves hasta cuadros graves. En los perros afectados, la mortalidad descrita se sitúa aproximadamente entre el 10 % y el 30 %, con mayor riesgo en animales muy jóvenes.

¿La hepatitis canina es lo mismo que la hepatitis humana?

No. La hepatitis infecciosa canina está causada por el adenovirus canino tipo 1 y es una enfermedad propia de los cánidos y otros animales susceptibles. No es la misma enfermedad que las diferentes hepatitis víricas que afectan a las personas.

¿La hepatitis canina es contagiosa?

Sí. La hepatitis infecciosa canina es una enfermedad contagiosa. La principal vía de transmisión es el contacto con orina, heces o saliva de animales infectados. También puede transmitirse mediante objetos contaminados y otros fómites. Una particularidad importante es que los perros que se recuperan pueden continuar eliminando el virus por la orina durante al menos seis meses, por lo que la infección puede mantenerse en el ambiente. El virus puede sobrevivir durante semanas o meses fuera del animal, aunque determinados procedimientos de limpieza y desinfección permiten inactivarlo.

¿Qué perros tienen más riesgo?

Los cachorros y perros jóvenes, especialmente aquellos que no están correctamente vacunados, presentan mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave. La vacunación ha hecho que la hepatitis infecciosa canina sea actualmente mucho menos frecuente en las zonas donde se mantiene una inmunización rutinaria.

Síntomas de la hepatitis canina

Los síntomas pueden variar mucho dependiendo de la gravedad de la infección. Algunos perros presentan signos relativamente leves, mientras que otros desarrollan una enfermedad grave de evolución rápida. Entre los signos que pueden aparecer se encuentran:

  • Fiebre.
  • Decaimiento y debilidad.
  • Pérdida de apetito.
  • Aumento de la sed.
  • Vómitos.
  • Dolor abdominal.
  • Secreción ocular o nasal.
  • Conjuntivitis.
  • Inflamación de las mucosas.
  • Pequeñas hemorragias o petequias.
  • Alteraciones de la coagulación.
  • Hinchazón de la cabeza, cuello o cuerpo.
  • Alteraciones renales.
  • Opacidad de la córnea, conocida como “ojo azul”.

En los casos graves pueden producirse trastornos de la coagulación, hemorragias, daño hepático importante y alteraciones neurológicas.

¿La hepatitis canina siempre provoca ictericia?

No. Aunque la enfermedad afecta al hígado, la ictericia no aparece necesariamente en los casos agudos de hepatitis infecciosa canina. Por ello, que un perro no tenga las mucosas amarillas no permite descartar la enfermedad. Si quieres saber qué significa exactamente una coloración amarillenta de las mucosas, puedes consultar nuestro artículo sobre ictericia en perros.

¿Cuándo es una urgencia veterinaria?

La hepatitis infecciosa canina puede evolucionar rápidamente, especialmente en cachorros. Es recomendable acudir al veterinario con rapidez si un perro presenta:

  • Fiebre elevada.
  • Decaimiento intenso.
  • Vómitos repetidos.
  • Dolor abdominal importante.
  • Sangrado o pequeñas manchas de sangre en las mucosas.
  • Dificultad para mantenerse en pie.
  • Pérdida marcada de apetito.
  • Alteraciones de la coagulación.
  • Opacidad repentina de la córnea.
  • Signos de deshidratación.
  • Convulsiones u otras alteraciones neurológicas.

En un cachorro sin una vacunación adecuada, la combinación de fiebre, decaimiento, vómitos y signos hemorrágicos requiere especial atención.

¿Qué causa la hepatitis canina?

Si hablamos de hepatitis infecciosa canina, la causa es el adenovirus canino tipo 1 (CAV-1). Sin embargo, no toda inflamación del hígado en un perro significa que tenga hepatitis infecciosa. Existen muchas otras enfermedades hepáticas, entre ellas:

  • Enfermedades inflamatorias crónicas del hígado.
  • Hepatitis asociada a la acumulación de cobre.
  • Algunas infecciones bacterianas.
  • Determinadas intoxicaciones.
  • Lesiones hepáticas relacionadas con medicamentos o sustancias tóxicas.
  • Enfermedades vasculares, como determinadas derivaciones portosistémicas.
  • Otras enfermedades que afectan al hígado y a las vías biliares.

Por eso, no es correcto utilizar “hepatitis canina” como sinónimo de cualquier enfermedad hepática.

¿Cómo se diagnostica la hepatitis canina?

Los síntomas por sí solos no permiten confirmar una hepatitis infecciosa. El veterinario tendrá en cuenta la edad del perro, su historial de vacunación, los síntomas y la exploración física. Dependiendo del caso, puede realizar diferentes pruebas para valorar el funcionamiento del hígado y detectar alteraciones compatibles con la infección. Entre las pruebas que pueden utilizarse están:

  • Análisis de sangre.
  • Análisis de orina.
  • Pruebas específicas para detectar el virus.
  • PCR.
  • Pruebas serológicas.
  • ELISA.
  • Pruebas de imagen, como la ecografía, cuando estén indicadas.

El diagnóstico definitivo de la infección puede realizarse mediante técnicas como PCR, ELISA o pruebas serológicas.

Tratamiento de la hepatitis canina

No existe un tratamiento que elimine directamente el adenovirus responsable de la hepatitis infecciosa canina. El tratamiento es principalmente de soporte y debe adaptarse a la gravedad del perro. Puede ser necesario:

  • Administrar fluidoterapia.
  • Mantener una nutrición adecuada.
  • Controlar los vómitos y otros síntomas.
  • Vigilar y tratar las alteraciones de la coagulación.
  • Administrar plasma o realizar transfusiones cuando sean necesarias.
  • Tratar infecciones bacterianas secundarias cuando estén presentes.
  • Controlar las posibles complicaciones hepáticas o renales.
  • Proporcionar cuidados oftalmológicos si existe afectación ocular.
  • En los casos graves puede ser necesaria la hospitalización.

¿La hepatitis canina tiene cura?

Muchos perros consiguen recuperarse, pero el pronóstico depende de la gravedad de la infección y de las complicaciones que aparezcan. Algunos animales pueden presentar secuelas después de la infección, como alteraciones renales o la característica opacidad corneal conocida como “ojo azul”.

Prevención de la hepatitis canina

La vacunación es la principal medida preventiva frente a la hepatitis infecciosa canina. Aunque la enfermedad está causada por el CAV-1, las vacunas utilizadas actualmente pueden emplear una cepa atenuada del adenovirus canino tipo 2 (CAV-2), que proporciona protección frente al CAV-1 y presenta menos problemas asociados a las antiguas vacunas frente al CAV-1. La pauta concreta de vacunación debe establecerla el veterinario teniendo en cuenta la edad, el historial del perro, las vacunas utilizadas y las recomendaciones aplicables en su zona. Las guías internacionales de vacunación se actualizan periódicamente. Además:

  • Evita el contacto con animales enfermos.
  • No compartas comederos, bebederos u objetos potencialmente contaminados con perros infectados.
  • Sigue las recomendaciones de vacunación de tu veterinario.
  • Si existe un caso confirmado en un entorno con varios perros, consulta al veterinario sobre las medidas de aislamiento y desinfección.

¿La hepatitis canina puede afectar a otros animales?

Sí. El CAV-1 puede infectar a otros cánidos y también se ha descrito en animales como zorros, lobos, coyotes y osos, entre otros. Esto es especialmente relevante en poblaciones de animales silvestres, ya que pueden contribuir al mantenimiento del virus.

Preguntas frecuentes sobre la hepatitis canina

¿La hepatitis canina es mortal?

Puede serlo. La forma infecciosa puede causar una enfermedad grave e incluso la muerte, especialmente en perros muy jóvenes. Sin embargo, muchos perros se recuperan y la vacunación ha reducido considerablemente la frecuencia de la enfermedad.

¿Un perro vacunado puede tener hepatitis canina?

La vacunación ofrece una protección muy importante frente a la hepatitis infecciosa, pero ninguna vacuna proporciona una protección del 100 %. Además, “hepatitis” puede utilizarse para describir otras enfermedades hepáticas que no están causadas por el CAV-1.

¿Cuánto dura la hepatitis canina?

La evolución es variable. La infección puede ser muy rápida en los casos graves, mientras que algunos perros presentan formas más leves y se recuperan.

¿La hepatitis canina se contagia a las personas?

La hepatitis infecciosa canina por CAV-1 es una enfermedad de los perros y otros animales susceptibles, no la hepatitis vírica humana.

¿Qué secuelas puede dejar?

Algunos perros pueden desarrollar problemas renales persistentes o una opacidad de la córnea conocida como “ojo azul” después de recuperarse. También pueden quedar lesiones hepáticas en determinados casos.

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