¿Es lo mismo educar que adiestrar?

es lo mismo educar que adiestrar
¿Educación y adiestramiento significan lo mismo? Descubre las diferencias y cómo se aplican en el día a día con tu perro.
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No exactamente, aunque en el lenguaje cotidiano es muy habitual utilizar educar y adiestrar como si fueran sinónimos. Cuando hablamos de perros, ambos conceptos están relacionados con el aprendizaje y con la convivencia, pero podemos establecer una diferencia práctica: educar tiene un sentido más amplio y relacionado con aprender a desenvolverse en la vida cotidiana, mientras que adiestrar suele referirse más específicamente a enseñar conductas concretas mediante señales o indicaciones. Por ejemplo, enseñar a un perro a esperar antes de cruzar una puerta, caminar de forma segura con su familia o aprender a relacionarse con diferentes situaciones forma parte de su educación. Enseñarle una conducta concreta como sentarse ante una señal, acudir cuando se le llama o tocar una mano con el hocico sería un ejemplo de adiestramiento. Sin embargo, las fronteras no son rígidas. En la práctica, educación, adiestramiento, socialización y modificación de conducta pueden formar parte del mismo proceso de aprendizaje.

¿Cuál es la diferencia entre educar y adiestrar a un perro?

Una forma sencilla de entenderlo es esta:

  • Educar consiste en ayudar al perro a desarrollar habilidades que faciliten su convivencia con las personas, otros animales y el entorno.
  • Adiestrar consiste en enseñar conductas concretas que podemos solicitar mediante una señal y que el perro aprende a realizar en determinadas circunstancias.

Por tanto, no debemos pensar que un perro está “educado” o “adiestrado” como si fueran dos estados completamente separados. Un perro puede saber sentarse cuando se lo pedimos y, al mismo tiempo, tener dificultades para gestionar determinados estímulos durante un paseo. Del mismo modo, puede ser un perro muy competente socialmente y no conocer muchas señales de obediencia.

¿Qué significa educar a un perro?

La educación canina tiene que ver con aprender a convivir y desenvolverse en el mundo cotidiano. Esto incluye mucho más que enseñar órdenes. Un perro necesita aprender, entre otras cosas, a gestionar diferentes entornos, habituarse progresivamente a situaciones nuevas, descansar, comunicarse, relacionarse de forma adecuada y desarrollar conductas compatibles con la vida familiar. También necesitamos aprender nosotros. La educación canina no consiste simplemente en decirle al perro qué puede y qué no puede hacer. Una buena convivencia requiere que las personas sepamos interpretar su comunicación, organizar el entorno y enseñar alternativas adecuadas.

Ejemplos de educación canina

Podemos considerar parte de la educación:

  • aprender a estar tranquilo en casa;
  • aprender a convivir con las personas del hogar;
  • acostumbrarse progresivamente a diferentes entornos;
  • aprender a gestionar determinadas situaciones cotidianas;
  • desarrollar buenos hábitos durante los paseos;
  • aprender a respetar determinados límites de convivencia;
  • aprender a descansar;
  • aprender a relacionarse con otros perros de forma adecuada;
  • acostumbrarse de manera positiva a manipulaciones y cuidados;
  • aprender a tolerar progresivamente situaciones nuevas.

Todo ello contribuye a que el perro pueda desenvolverse mejor en su día a día. Para profundizar en este proceso, puedes consultar nuestra guía sobre cómo enseñar a un perro.

¿Qué significa adiestrar a un perro?

El adiestramiento suele centrarse en enseñar conductas concretas. Por ejemplo, podemos enseñar al perro que una determinada señal verbal o gestual predice una conducta que queremos que realice. Algunas habilidades habituales son:

  • sentarse;
  • tumbarse;
  • acudir cuando se le llama;
  • esperar;
  • caminar junto a su persona;
  • tocar la mano con el hocico;
  • ir a su cama;
  • soltar un objeto;
  • permanecer quieto durante un breve periodo;
  • responder a determinadas señales de seguridad.

Estas habilidades pueden ser muy útiles en la vida cotidiana. Por ejemplo, enseñar una señal para acudir cuando se le llama no sirve únicamente para que el perro “obedezca”: puede convertirse en una herramienta importante para evitar situaciones de peligro.

¿Educar y adiestrar a un perro son cosas opuestas?

No. De hecho, lo más útil es entenderlas como procesos complementarios. Cuando enseñamos a un perro a acudir a nuestra llamada, estamos practicando una conducta concreta. Pero para que pueda utilizarla correctamente fuera de casa también tendrá que aprender a gestionar distracciones, diferentes entornos y distintos niveles de excitación. Por eso, aprender una señal no garantiza que el perro pueda responder a ella en cualquier situación. Un perro puede saber perfectamente qué significa “ven” en el salón de casa y tener muchas más dificultades para responder cuando está oliendo algo interesante en un parque. Esto no significa necesariamente que “desobedezca”. Puede significar que la conducta todavía no está suficientemente aprendida en ese contexto.

¿Un perro adiestrado está necesariamente bien educado?

No. Este es uno de los puntos más importantes. Un perro puede tener un repertorio amplio de conductas entrenadas y, sin embargo, necesitar ayuda para gestionar determinadas situaciones sociales, ambientales o emocionales. Por ejemplo, puede sentarse, tumbarse y dar la pata cuando se lo pedimos, pero sentirse muy incómodo cuando se encuentra con otros perros. En ese caso, conocer varias señales no resuelve necesariamente el problema. La educación y el bienestar del perro requieren prestar atención también a sus necesidades, emociones, comunicación y capacidad para desenvolverse en el entorno.

¿Y un perro educado tiene que saber muchas órdenes?

Tampoco. Un perro no necesita conocer decenas de señales para tener una buena convivencia con su familia. De hecho, algunas de las habilidades más importantes para la vida diaria no tienen nada que ver con realizar una larga lista de órdenes. Aprender a descansar, sentirse seguro en casa, caminar sin sufrir durante el paseo, tolerar determinadas manipulaciones, gestionar estímulos y comunicarse adecuadamente puede ser mucho más relevante para su bienestar que saber realizar numerosos trucos.

¿Cuándo debemos empezar a educar y adiestrar a un perro?

El aprendizaje comienza desde que el perro llega a nuestra vida. En el caso de los cachorros, las primeras etapas son especialmente importantes para proporcionar experiencias positivas y enseñar habilidades adecuadas. La socialización y el aprendizaje temprano pueden ayudar a prevenir problemas de comportamiento y favorecer la relación entre perros y personas. Pero esto no significa que un perro adulto no pueda aprender. Los perros pueden aprender durante toda su vida. Por eso, adoptar un perro adulto no significa renunciar a educarlo o adiestrarlo. Simplemente tendremos que adaptarnos a su historia, sus experiencias previas, sus capacidades y su ritmo de aprendizaje.

¿Qué papel tiene el refuerzo positivo?

Tanto la educación como el adiestramiento deberían basarse en métodos que favorezcan el aprendizaje sin provocar miedo o dolor. El refuerzo positivo consiste, de forma sencilla, en proporcionar algo que resulte valioso para el perro después de una conducta que queremos favorecer. Puede ser comida, juego, acceso a algo que le interesa, interacción social u otro reforzador adecuado para ese individuo. La American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB) recomienda actualmente utilizar exclusivamente métodos basados en recompensas para el entrenamiento canino, incluidos los casos de problemas de comportamiento. También desaconseja métodos aversivos como collares eléctricos, collares de púas, tirones de correa y castigos físicos o psicológicos. Esto es importante porque adiestrar no significa imponer obediencia mediante miedo o fuerza. El objetivo es que el perro aprenda qué conducta queremos, tenga la oportunidad de practicarla y encuentre motivos para repetirla.

¿Educar a un perro significa corregir todo lo que hace mal?

No. Uno de los errores más frecuentes es entender la educación como una lista interminable de prohibiciones. “Eso no”, “no hagas esto”, “no vayas ahí”, “no ladres”, “no tires”… Pero decirle a un perro qué no queremos que haga no le explica necesariamente qué conducta debería realizar en su lugar. Una educación eficaz debe incluir alternativas claras. Por ejemplo:

  • En lugar de castigar porque salta para saludar, podemos enseñar una forma alternativa de saludar.
  • En lugar de tirar de la correa cuando se adelanta, podemos reforzar los momentos en los que camina con la correa floja.
  • En lugar de castigar que coja un objeto, podemos enseñarle a soltarlo y ofrecerle una alternativa adecuada.
  • En lugar de castigar una conducta relacionada con miedo, debemos identificar qué está provocando ese miedo y trabajar de forma gradual y segura.

La evidencia actual respalda el aprendizaje basado en recompensas y desaconseja los métodos aversivos.

¿Qué ocurre cuando un perro tiene un problema de comportamiento?

Aquí es especialmente importante no confundir adiestramiento con tratamiento de problemas de conducta. Un problema como tirar de la correa puede mejorar mediante entrenamiento y manejo del entorno. Pero problemas más complejos, como miedo intenso, agresividad, ansiedad por separación o conductas compulsivas, pueden requerir una evaluación profesional y un plan específico. En estos casos, enseñar una orden aislada no siempre es suficiente. Por ejemplo, pedir repetidamente “sienta” a un perro que está aterrorizado por otro perro no soluciona necesariamente la emoción que está provocando su reacción. Cuando existe un problema de comportamiento importante, conviene consultar con un veterinario y, cuando corresponda, con un profesional cualificado en comportamiento animal. AVSAB también señala que algunos problemas de conducta pueden requerir cambios ambientales, modificación de conducta y, en determinados casos, tratamiento veterinario.

¿Es mejor educar o adiestrar a un perro?

La pregunta está mal planteada si pensamos que tenemos que escoger una de las dos opciones. Necesitamos ambas cosas. El adiestramiento puede proporcionarnos herramientas concretas para comunicarnos con nuestro perro y manejar determinadas situaciones. La educación tiene un alcance más amplio y nos ayuda a construir una convivencia en la que el perro pueda desenvolverse de forma segura y adecuada. Por ejemplo, enseñar a un perro a caminar con nosotros es una habilidad concreta. Pero conseguir que disfrute de los paseos, pueda explorar, olfatear y desenvolverse con seguridad también forma parte de una convivencia saludable.

Diferencias entre educar y adiestrar a un perro

Podemos resumir las principales diferencias así:

EducarAdiestrar           
Tiene un sentido más amplio  Se centra en conductas concretas
Busca facilitar la convivenciaBusca enseñar respuestas determinadas 
Incluye aspectos sociales y cotidianosPuede centrarse en señales y habilidades
Trabaja la adaptación al entornoTrabaja conductas específicas       
Incluye aprender a comunicarse Incluye aprender a responder a señales
Se desarrolla durante toda la vida  También puede mantenerse durante toda la vida

No obstante, esta tabla es una simplificación útil para entender los términos. En la práctica, ambos procesos se solapan constantemente.

Ejemplos para entender la diferencia

Imagina que acabas de adoptar un perro. Durante las primeras semanas puedes trabajar su adaptación al hogar, establecer rutinas, ayudarle a sentirse seguro y enseñarle cómo funciona la convivencia familiar. Eso sería educación. Al mismo tiempo, puedes enseñarle una señal para acudir cuando lo llamas, otra para soltar objetos y otra para ir a su cama. Eso sería adiestramiento. Pero ambos procesos están conectados. El perro aprende a través de las experiencias que tiene todos los días, no únicamente durante los cinco o diez minutos que dedicamos a una sesión de entrenamiento. Por eso también es importante comprender cómo aprenden los perros.

¿Hace falta contratar a un adiestrador para educar a un perro?

No necesariamente. Muchas habilidades básicas pueden enseñarse en casa si tenemos información fiable, paciencia y una metodología adecuada. Por ejemplo, podemos trabajar con nuestro perro para enseñarle a acudir cuando lo llamamos, caminar con una correa más floja, ir a su cama o realizar otras conductas sencillas. Sin embargo, pedir ayuda profesional no significa que hayamos fracasado. Un buen profesional puede ayudarnos a entender por qué aparece una conducta, adaptar el aprendizaje al perro concreto y evitar errores que podrían complicar el problema. Especialmente cuando existen miedo, agresividad, ansiedad, conductas compulsivas o dificultades importantes de convivencia, buscar ayuda cuanto antes puede ser una buena decisión. Si buscas un profesional, es recomendable preguntar qué métodos utiliza. La AVSAB aconseja elegir profesionales que trabajen con métodos basados en recompensas y evitar aquellos que utilizan miedo, dolor, intimidación o herramientas aversivas como parte de su metodología.

Educación y adiestramiento: una cuestión de comunicación

En realidad, uno de los mayores beneficios de trabajar con nuestro perro no es conseguir que “obedezca” más. Es aprender a comunicarnos mejor. Nosotros aprendemos a presentar las señales de forma clara, a reconocer cuándo el perro está preparado para aprender y a identificar qué cosas le motivan. El perro aprende qué conductas tienen consecuencias favorables y qué esperamos de él en diferentes situaciones. Con el tiempo, esta comunicación puede facilitar enormemente la convivencia.

¿Qué debería aprender primero un perro?

No existe una lista universal que todos los perros deban completar en el mismo orden. Dependerá de su edad, entorno, necesidades y circunstancias. Pero algunas habilidades tienen especial utilidad en la vida cotidiana:

  • responder a su nombre;
  • acudir cuando se le llama;
  • caminar con seguridad con la correa;
  • soltar objetos;
  • permanecer tranquilo;
  • ir a una zona de descanso;
  • aceptar determinadas manipulaciones;
  • poder concentrarse brevemente en su persona;
  • aprender a gestionar diferentes entornos;
  • desarrollar buenas habilidades sociales.

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Educación y adiestramiento no consisten en conseguir un perro perfecto

Este punto merece especial atención. El objetivo de educar o adiestrar a un perro no debería ser convertirlo en un animal que nunca se equivoca, nunca ladra, nunca tira de la correa y siempre hace exactamente lo que le pedimos. Los perros siguen siendo perros. Exploran, olfatean, juegan, sienten miedo, se emocionan, se frustran y tienen preferencias propias. Una buena educación busca que puedan desenvolverse de manera segura y que las personas sepamos proporcionarles las herramientas necesarias para convivir con ellos.

Entonces, ¿es lo mismo educar que adiestrar?

No son exactamente lo mismo, pero tampoco son conceptos completamente separados. Podemos utilizar “educación” para referirnos al proceso más amplio de aprender a convivir y desenvolverse en el entorno, mientras que “adiestramiento” suele utilizarse para hablar de la enseñanza de conductas concretas. Pero ambos forman parte del aprendizaje del perro y se complementan. Un perro puede estar muy bien adiestrado en determinadas habilidades y necesitar apoyo en otras áreas de su comportamiento. Y un perro puede tener una convivencia excelente sin conocer muchas señales de obediencia. Lo verdaderamente importante no es cuántas órdenes sabe realizar, sino que pueda desenvolverse con seguridad, que podamos comunicarnos con él y que el aprendizaje se produzca respetando su bienestar.

Conclusión

Educar y adiestrar a un perro no son exactamente lo mismo, aunque en la práctica están estrechamente relacionados. La educación tiene un carácter más amplio y abarca la convivencia, la adaptación, la comunicación y el desarrollo de habilidades para desenvolverse en la vida cotidiana. El adiestramiento se centra más en enseñar conductas concretas y respuestas ante determinadas señales. Ambos procesos pueden comenzar desde que el perro llega a casa y continuar durante toda su vida. Y, sobre todo, ninguno debería basarse en miedo, dolor o intimidación. Los métodos basados en recompensas cuentan actualmente con el respaldo de organizaciones veterinarias especializadas en comportamiento, y permiten enseñar habilidades mientras se protege el bienestar del perro y la relación con su familia.

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